Ahí estaba, estúpido, sin saberlo
convirtiéndome en tu tormenta putrefacta
escupiendo millones de gotas de petroleo maloliente
flagelando tu piel con golpes de sucios relámpagos
mientras tus pulmones se llenaban de mi
y te limitaba el respirar
Mi aliento salino escocía tus heridas
y las limaduras oxidadas de mi metálica voz
caían en tus cicatrices... que creías se curaban...
y te infectaba por dentro... poco a poco
y te dolía por dentro... más y más
y no aguantaste tanto dolor
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